El otro día paseaba por el Barrio Alto con Filipe y su amiga Bianca. Bianca es una mujer esplendorosa, alegre, positiva… con una sonrisa en la mirada de la que es difícil desprendernos. Sentía que tenía que pasar la prueba de ser aprobado por la mejor amiga de Filipe. Intentas ser amable… agradable… estar pendiente de las conversaciones, éstas transcurren en portugués por lo que pones todos los sentidos… intentas participar, opinar… Mezclamos conversación con mojitos y el punto del alcohol hace que los idiomas se revuelvan y todo sea algo más fácil.
Ella confiesa que tiene 21 años, que estudia segundo de medicina… que antes intentó ser forense y dentista pero que no le gustó y las dejó… Y yo me quedo colgado con su edad… Siento vértigo… es un vértigo que corre en doble sentido hacía delante y hacia atrás… Pienso en el tiempo vivido desde que yo tenía 21 años… en que jamás lo volveré a tener, que no lo recuperaré, que ya lo he vivido y que forma parte de mi pasado… Siento que esos 19 años han pasado a una velocidad no permitida… que no me han pedido permiso… que se han marchado… y siento envidia de todo lo que a Bianca le queda por sentir… por descubrir hasta que llegue a mi edad… Y de repente me asusto… cuando ella tenga 39, yo estaré rozando los 60. Eso me da más miedo aún… ¿Estaré a punto de jubilarme? ¿Habré desarrollado algún cáncer? ¿Viviré? ¿Se me pondrá dura? ¿Estaré solo? ¿Tendré alguien a mi lado? ¿Habré conseguido todo lo que quería conseguir cuando tenía 21 y que casi me queda por conseguir a mis 39?
Viajo inconscientemente al año que ella nació… Año 1988… Yo estudiaba COU, que ya no se estudia, empezaba a tener mis primeras relaciones sexuales… tenía miles de ilusiones y pensaba que a mis 39 sería otra cosa distinta a la que soy ahora… ni mejor ni peor: distinta… Tal vez no entraba en mis cálculos ponerme hasta arriba de mojitos en el barrio alto de Lisboa con niñatos maravillosos de 21… ¿Por qué lo hago? ¿Añoro algo? ¿Estoy buscando la juventud perdida? ¿Me gusta mi vida? ¿Quiero cambiarla? ¿Qué me queda por vivir?¿Será maravilloso? ¿Será caótico? ¿seguiré intentado falar en portugués? ¿O me habrá dado por el italiano o el griego o el francés o el flamenco o el coreano? ¿Me volveré a ver a mis 59 tomando mojitos con niñatos de 39 en el Barrio Alto de Lisboa o en cualquier ciudad del mundo? Espero que sí… o tal vez, lo mejor sea que la vida me siga sorprendiendo… aunque sé que el vértigo de los años vividos y por vivir siempre seguirá asustándome…
Esta canción no deja de sonar en estos días por mi Lisboa
miércoles 18 de noviembre de 2009
jueves 5 de noviembre de 2009
VIAJE AL PASADO
Hoy escuchando diferentes versiones de crazy de Gnarls Barkley mi cabeza se ha inundado de recuerdos... Tal y como esa canción, todo lo que me paso durante el 2006 tiene múltiples versiones, estas son algunas de ellas...
Madrugada del 26 al 27 de Julio de 2006.
Estoy desnudo en la cama. El portátil tapa mi sexo. Miro mi cuerpo desnudo y no me gusta. Me gustaría llamar la atención con él. Crezco y decrezco con la misma facilidad que muchos de mis sentimientos se entrecruzan en mi cabeza. Estoy experimentando miles de cosas nuevas que jamás pensé que me permitiría sentir. Fran. Así a secas. Sin apellido. No sé mucho más de él y eso me gusta, ya que me permite pintarlo como quiero que sea. ¿Quién es Fran? pregunto a una conocida, alguien responde: un camarero que es albañil…
Esta noche lo veo nada más llegar a la terraza de la piscina, fui allí con esa intención… Camiseta amarilla y vaqueros cortos, caídos, anchos como de surfero. Me sonríe nada más verme. Me llama por mi nombre, me saluda… en ese momento los dos sabemos lo que nos estamos diciendo. Él sabe que me gusta verlo y quiero sentir que a él también le gusta verme a mí. Su mesa estaba rodeada de amigos y amigas. Yo decido sentarme en la mesa de al lado con otros amigos, aunque Fran dice siéntate aquí. Yo creo no escucharlo o no lo escucho, por miedo… no sé como reaccionar ante él y Fran maneja con tiento la situación. Desde mi mesa cruzamos frases, yo intento participar en la conversación y lo invito a mi estreno del viernes. Fran me dice que vendrá. Bebo rápido, tengo sed y nervios. Cuando me levanto a pedir el segundo red-bull, él se acerca ¿casualidad? Se mete tras la barra y pone chupitos para todos. Sabe que me gusta el ron miel y saca una botella para mí, al final todos brindamos con ron miel. Las miradas se entrecruzan y los brindis… No sé si son imaginaciones mías, no lo sé… Luego cada uno a su mesa… sigo pendiente de él… nos pasamos fotos por bluetooth y él sonríe cuando las recibe. Cuando me voy se acerca a hasta mí. Veo que come algo, le abro la mano descubro que son pipas pero tiene escondida una pequeña botella de gominola, mis preferidas, y me la ofrece, sabe que me gusta. Le pido que venga a mi estreno, sé que no vendrá pero me dice que lo intentará y se marcha. Antes de irse le pregunto por su espalda y me dice que algo mejor y yo pienso como me gustaría acariciársela… Hoy he pensado en comprarme un ático y él compartía momentos conmigo, en el ático.
Madrugada del 27 al 28 de Julio de 2006
Hoy no he visto a Fran. Hoy ha venido a visitarme Curro desde Sevilla. ¿Quién es Curro? Menuda pregunta. No lo sé. Hoy ha habido momentos en que lo he visto como un extraño que se me entregaba porque me necesitaba, en otros sentía que estaba atravesando el mismo largo río que yo y había decidido que mejor hacer esa travesía acompañado. Yo ahora sé que quiero hacer la travesía en solitario pero no sé como echar de mi pobre patera a Curro. No es culpabilidad… es comodidad… a lo mejor él también siente la misma comodidad… Es bueno ver a una persona que siente una cierta atracción por ti. Curro y yo llevábamos un mes sin vernos y el reencuentro ha sido muy sexual. Empezamos follando en el teatro… comida de polla, de culo, penetración sobre el escenario… fue morboso y divertido. Luego sin comer… nos fuimos para la casa. Encendimos el ventilador del techo, echamos el colchón en el suelo y a follar. Un primer polvo donde completamos la faena del teatro. Un sándwich para recuperar fuerzas. Una siesta. Un polvo rápido. Conversación… ninguno queríamos tocar ningún tema peliagudo y luego una buena ración de sexo… Curro se está dejando penetrar cada vez más y eso me gusta… pero no sé lo que esconde. Creo que él tampoco termina de saberlo. Ha dicho que se marchaba y yo no he puesto ninguna objeción… no me apetecía que se quedara y creo que eso significa algo… no sé… espero saberlo algún día… Mientras ensayo y mañana se estrena Autobiografía, un texto menor que poco a poco se va descubriendo como algo vivo, espero que los chicos sepan resolver sus ataques de nervios y los míos. Mañana le pediré perdón… bueno y mañana veré a Fran… si decide venir al estreno.
Madrugada del 28 de julio al 30 de julio de 2006
La vida es un bolero. Hoy mi ex tenía una cita y yo lo he descubierto. Me alegro por él. Ya está, ya está todo acabado… Por otro lado mi actual relación con Curro no me satisface y debo romperla pero eso será cuando tenga la fuerza para hacerlo o mejor que lo haga él. Yo no tengo ganas… Fran está guapo con todo lo que se ponga. No me hace daño… es sólo una sonrisa y unos brazos… Al llegar al teatro me sonríe y yo me fijo en sus brazos, fuertes, morenos, musculados… y me hace sentirme vivo… no, vivo no, adolescente… Que bien… una nueva vida… una vida que no tenía planificada, ¿dónde terminará…? porque va a terminar… crecerá y me llevará a algún lado… pero para eso queda aún mucho tiempo…
Ese tiempo es hoy… y una canción me ha hecho viajar hasta allí.
martes 27 de octubre de 2009
FELICIDAD POP
Llevo 21 días desenganchado del mundo de los blogs. Razón ninguna. Simplemente no encontraba nada que decir y no quería ver que todos los demás tenían mucho que contar. En estos más de dos años que llevo escribiendo siempre tenía algo que contar, algo sobre mí que me parecía interesante, pero en estos 21 días, el mismo número que el día de mi cumpleaños y el día que hice la primera comunión y me comí a Dios enterito, no he encontrado nada que compartir. No quería compartir que estaba escribiendo un guión sobre Cayetana de Alba y que se nos atrancaba el segundo capítulo y que un día de repente vimos la solución y todo empezó a funcionar. Ni que mi relación empezaba a serenarse y que lo que había empezado siendo bueno ahora era mucho mejor. Ni que mi primo Jesús se casó con Rosalía y que me gustó verlo tan feliz y a ella tan radiante. Ni que me tuve que encerrar en mi piso de Fuengirola para centrarme y poder terminar en un tiempo record el capitulo de Cayetana. Ni que allí me di cuenta que California está más cerca de lo que piensas. Ni que viaje a Lisboa y fui feliz pero una reunión de trabajo trunco mi apreciada felicidad y me hizo volver a Madrid… Me parecían cosas mundanas, simples e insignificantes. Cosas a las que no sabía como ponerle la literatura necesaria para hacerlas interesantes…
Hasta que una tarde caminando solo por las calles de Lisboa, una tarde gris, donde percibes como una borrasca llena de agua entra desde el atlántico para atravesar toda la Península Ibérica… bajando una cuesta lisboeta con mi ipod conectado a mis cascos verdes y a todo volumen… comenzó a sonar uno de los más bellos temas que he escuchado: Music is a princess de Prefab Sprout. Entonces me di cuenta que la felicidad llega a borbotones de no más de cuatro minutos, como una buena canción pop. Era feliz, sólo por 3 minutos y 32 segundos… caminaba, disfrutaba con la luz gris de esa tarde, los edificios elegantes y decadentes de Lisboa me vigilaban y yo a ellos, sentía que estaba donde quería, era un poco de allí, iba a recoger a Filipe del estudio de arquitectos donde trabaja y no necesitaba más… la felicidad se esconde en una buena canción pop… y Prefab Spraut había convertido mi vida en un video clip durante 3 minutos y 22 segundos.
A la mañana siguiente, al despertar, Filipe y yo tuvimos 3 minutos y algún segundo más de sexo fantástico. Fue rápido, salvaje, apasionado, perfecto y le susurré esto es la felicidad. Él me respondió que con que poco me conformaba. Entonces le expliqué mi teoría de que la felicidad se esconde en una canción pop y que en una vida puede estar llena de canciones… y lo mágico es saber reconocerlas y tararearlas… hacer tuyo ese breve lapso de tiempo… que nada es eterno… y la felicidad tampoco lo es…
Hasta que una tarde caminando solo por las calles de Lisboa, una tarde gris, donde percibes como una borrasca llena de agua entra desde el atlántico para atravesar toda la Península Ibérica… bajando una cuesta lisboeta con mi ipod conectado a mis cascos verdes y a todo volumen… comenzó a sonar uno de los más bellos temas que he escuchado: Music is a princess de Prefab Sprout. Entonces me di cuenta que la felicidad llega a borbotones de no más de cuatro minutos, como una buena canción pop. Era feliz, sólo por 3 minutos y 32 segundos… caminaba, disfrutaba con la luz gris de esa tarde, los edificios elegantes y decadentes de Lisboa me vigilaban y yo a ellos, sentía que estaba donde quería, era un poco de allí, iba a recoger a Filipe del estudio de arquitectos donde trabaja y no necesitaba más… la felicidad se esconde en una buena canción pop… y Prefab Spraut había convertido mi vida en un video clip durante 3 minutos y 22 segundos.
A la mañana siguiente, al despertar, Filipe y yo tuvimos 3 minutos y algún segundo más de sexo fantástico. Fue rápido, salvaje, apasionado, perfecto y le susurré esto es la felicidad. Él me respondió que con que poco me conformaba. Entonces le expliqué mi teoría de que la felicidad se esconde en una canción pop y que en una vida puede estar llena de canciones… y lo mágico es saber reconocerlas y tararearlas… hacer tuyo ese breve lapso de tiempo… que nada es eterno… y la felicidad tampoco lo es…
martes 6 de octubre de 2009
DIEZ MINUTOS
Diez minutos para desahogarme escribiendo. Mientras vuelvo a escuchar a Bon Iver. No sé que hacer, que decisión tomar. No es fácil dejar de querer. Pero algo ocurre, algo te frena y te quedas bloqueado: Un ilógico ataque de celos. Luego se arrepiente y llora, llora como un niño… y tú lloras con él… pero ya nada es igual… ¿quién puede soportar el lloro de un niño? Desde ese momento no fijas la atención en nada. No eres capaz de leer la prensa. El libro, que tienes a medias, deja de interesarte. Te cuesta elegir música, es más prefieres ni ponerte los cascos. Intentas escucharte. Intentas escuchar a los demás. Nada te consuela. Decides no acelerarte. No tomar ninguna decisión de la que luego te arrepientas. Caminar desde nuevos ministerios hasta gran vía, pararte en la Sueca, compartir un café, seguir de compras con los amigos, ver atardecer desde la terraza del Oskar en Madrid… Una cena secreta con una garza majestuosa… Llegas a casa. Duermes… Pero al despertar… Nada, todo sigue igual. Pero la sensación es física. Sé donde ubicarla. Es angustia. Es como si una manzana o un huevo se te alojara un poco más abajo de la garganta y un poco más arriba del corazón y no puedes expulsarlo. Te ahoga. ¿No hay un espidifén que lo haga desaparecer?
lunes 21 de septiembre de 2009
PAQUIRRI Y MIS 39
Hoy cumplo 39 años. Ha sido un año lleno de curvas pero todas me llevaban hacia algo bueno o mejor. Un año más donde he aprendido a valorarme, a decidir lo que me gusta, a escribir, a tener seguridad, a olvidar, a querer, a odiar, a gritar… Ha sido el año de la Sueca… De que mi sobrina me convierta en tío abuelo, de asentarme en Madrid, de abandonar Martos, de volverme a comer las uñas, de seguir comprándome zapatillas de deporte, de viajar mucho a Lisboa, de descubrir Paris y Madeira… y de enamorarme… de “Paquirri”… y mañana todos podéis enamoraros de él tanto como lo estoy yo.

Porque algunas veces todo se conjuga para que un trabajo te llene y te emocione. Hace unos meses me propusieron escribir un guión de ficción sobre la vida de Paquirri. Desde el primer momento la idea me gustó y no lo dudé, acepté la propuesta y de la mano de mi compañera Carmen nos pusimos a explorar la vida de este personaje para convertirla en cine y mañana se hace realidad. Estoy nervioso pero calmado porque todo el proceso ha sido maravilloso. Construir el guión, los tres meses que nos llevó escribirlo… consensuarlo con Salva, el director, lo mucho que nos hizo trabajar y aprender… diferenciar entre palabras e imágenes… dotar al guión de un concepto de tragedia… separarnos de los rosa, de lo amarillo para hacer una historia de verdad… ahondar para no quedarnos en los clichés y construir personajes reales que sufren, que aman, que crecen, que siente…
Después vino el proceso de poner en pie todas esas palabras… elegir a los actores y actrices… una labor dura, pero sin duda un casting acertado… ir poco a poco descubriendo las caras de los actores que darían vida a los personajes que habíamos creado… Los ensayos… Salva haciendo que los actores comprendieran y entendieran cada secuencia… convertirlos en verdaderas familias… y luego las 5 semanas de duro rodaje… y el equipo dándolo todo… convirtiendo el guión de Carmen y mío en bellas y verdaderas imágenes… Salmones, el dire de fotografía, le ha sabido dar la luz necesaria… Durante esas 5 semanas, cada día que pasaba por el rodaje, me quedaba enamorado de la interpretación de los actores… Antonio Velazquez estaba creando un Paquirri humano y lleno de dolor, de sufrimiento y vida… María Ruíz estaba llenando a Carmina de sensualidad, rebeldía y emoción Carmina… Luz Valdenebro estaba dotando a Isabel de la dignidad que debe hacer gala… Cynthia Martín es la hermana perfecta, la hermana que ama a su hermano por encima de todo… que no deja de observarlo, de cuidarlo… que sufre cuando él sufre y se alegra cuando él se alegra… Miguel Diosdado como el hermano pequeño que no se separa de su hermano grande, que lo admire y teme y que no deja de correr perdido y lleno de dolor el día de su cogida… Mariana, Belén, Pilar, … todos los actores… los aplaudo… y me arrodillo ante Manolo Caro que ha sabido construir un personaje, que casi pasando desapercibido en guión, él lo ha hecho crecer y convertirlo en el amigo fiel y el escudero de Paquirri, menudo trabajo, Manolito… si fuera director te querría en todos mis proyectos.
He podido ver ya la serie y me siento tan orgulloso como si acabará de ser padre. Ahora sólo falta que se levante del telón y todos os emocionéis como lo estoy yo. Ese sería el placer máximo y el mejor regalo de cumpleaños… Va por ustedes.
Porque algunas veces todo se conjuga para que un trabajo te llene y te emocione. Hace unos meses me propusieron escribir un guión de ficción sobre la vida de Paquirri. Desde el primer momento la idea me gustó y no lo dudé, acepté la propuesta y de la mano de mi compañera Carmen nos pusimos a explorar la vida de este personaje para convertirla en cine y mañana se hace realidad. Estoy nervioso pero calmado porque todo el proceso ha sido maravilloso. Construir el guión, los tres meses que nos llevó escribirlo… consensuarlo con Salva, el director, lo mucho que nos hizo trabajar y aprender… diferenciar entre palabras e imágenes… dotar al guión de un concepto de tragedia… separarnos de los rosa, de lo amarillo para hacer una historia de verdad… ahondar para no quedarnos en los clichés y construir personajes reales que sufren, que aman, que crecen, que siente…
Después vino el proceso de poner en pie todas esas palabras… elegir a los actores y actrices… una labor dura, pero sin duda un casting acertado… ir poco a poco descubriendo las caras de los actores que darían vida a los personajes que habíamos creado… Los ensayos… Salva haciendo que los actores comprendieran y entendieran cada secuencia… convertirlos en verdaderas familias… y luego las 5 semanas de duro rodaje… y el equipo dándolo todo… convirtiendo el guión de Carmen y mío en bellas y verdaderas imágenes… Salmones, el dire de fotografía, le ha sabido dar la luz necesaria… Durante esas 5 semanas, cada día que pasaba por el rodaje, me quedaba enamorado de la interpretación de los actores… Antonio Velazquez estaba creando un Paquirri humano y lleno de dolor, de sufrimiento y vida… María Ruíz estaba llenando a Carmina de sensualidad, rebeldía y emoción Carmina… Luz Valdenebro estaba dotando a Isabel de la dignidad que debe hacer gala… Cynthia Martín es la hermana perfecta, la hermana que ama a su hermano por encima de todo… que no deja de observarlo, de cuidarlo… que sufre cuando él sufre y se alegra cuando él se alegra… Miguel Diosdado como el hermano pequeño que no se separa de su hermano grande, que lo admire y teme y que no deja de correr perdido y lleno de dolor el día de su cogida… Mariana, Belén, Pilar, … todos los actores… los aplaudo… y me arrodillo ante Manolo Caro que ha sabido construir un personaje, que casi pasando desapercibido en guión, él lo ha hecho crecer y convertirlo en el amigo fiel y el escudero de Paquirri, menudo trabajo, Manolito… si fuera director te querría en todos mis proyectos.
He podido ver ya la serie y me siento tan orgulloso como si acabará de ser padre. Ahora sólo falta que se levante del telón y todos os emocionéis como lo estoy yo. Ese sería el placer máximo y el mejor regalo de cumpleaños… Va por ustedes.
martes 8 de septiembre de 2009
MADEIRA

MADEIRA
Corro escaleras arriba. Abro la puerta del piso. Tengo la maleta preparada. La examino en un segundo. Camisetas, seis, bermudas, dos y la puesta, un pantalón largo: el diesel despintado, bañador, dos zapatillas: New Balance rojas y Nike clásicas, condones, lubricante, poppers: lo saco a él no le gusta, slips, calcetines. La cierro y también la puerta de la casa. Bajo las escaleras a saltos. Salva me espera en el coche. Maleta en el maletero. Me monto. Arranca. Salva me dice que no esté nervioso. Está seguro de que llegamos. Tiene que poner gasolina. Me pongo más nervioso. No vas a perder el puto avión, me grita. Mientras llena el deposito, yo leo el último mensaje de Filipe. Voy al primero. Me detengo en el de su invitación: “La noche fue más grande de lo que pensaba… una salida muito divertida. Se quieres puedes venir a Madeira estos días. Beijos.” Salva vuelve al coche. Me mira. Me pregunta: “¿qué te pasa?”. Yo le respondo: “Estoy emocionado.” Arrancamos con dirección, por fin, al aeropuerto. Hablamos de pasados viajes a Lisboa. Imaginamos futuros. Hoy sólo estaré un par de horas, mientras espero mi vuelo hacia Madeira. Llegamos al aeropuerto con tiempo. Salva me abraza con fuerza. Tengo mi tarjeta de embarque. Accedo tras los rituales de tocamiento e inspección del equipaje. Paseo nervioso mientras me dan la puerta de embarque: duty free, revistas, me llama Dani, me río con sus ocurrencias, lo corto porque me dan la puerta, la K15. Vueling me desea feliz vueling a Lisboa con tan sólo 30 minutos de retraso. Leo en el vuelo. Levanto la vista del Esquire y debajo está el Tajo. Aterrizo. Cambio de terminal. Ceno. Intercambio mensajes con Filipe. Vuelvo a embarcar. Despego. Dormito. Escucho la música que le he grabado a Filipe. Leo. Vuelvo a dormitar. Aterrizo en Madeira. Estoy nervioso. Sólo lo conozco de tres noches de sexo loco en Lisboa. El vuelo ha llegado con 20 minutos de adelanto sobre la hora fijada. Él no está. ¿Y si no viene?, pienso. Cuando han pasado 10 minutos lo veo acercarse: pequeñito, compacto, fuerte, sonriente. Intento abrazarlo. Él me abraza con torpeza y de lado. Se disculpa porque ha llegado tarde. Yo le digo que no. Le pido que me hable en Portugués y yo lo haré en Español. Nos acercamos hasta su coche. Me sorprende con un deportivo biplaza descapotable. Creo que estos 4 días van a ser de sueño. Conduce dirección a Funchal. Mete una marcha y su mano roza mi rodilla. Me pongo. Él me mira. Sonríe. Le acaricio el muslo. Mi mano se pierde por su entrepierna. Los vaqueros le marcan sus muslos. Me gusta. Llegamos al hotel. Un aparcacoches se hace cargo del coche. Sacamos las maletas. En la recepción doy mi DNI. Hice la reserva desde Madrid. Mientras toman mis datos. Él se disculpa, “Madeira no es Chueca”, me dice al oído. Me pone mucho más. Me devuelven el DNI. Nos indican la habitación. Subimos en el ascensor y una señora con nosotros. No dejamos de mirarnos. Salimos en la 2 planta. Llegamos a la habitación 222. Abrimos la puerta. Metemos la tarjeta. Se hace la luz. Comenzamos a besarnos. Le beso el cuello. Me muerde el labio inferior con violencia. Le abro la camisa. Le pellizco y le muerdo los pezones. Suspira. Acaricio su culo apretado por el pantalón. Desabrocho los botones del pantalón. Mi mano se pierde por su trasero sudado. Bajo con violencia el pantalón. Se queda por sus rodillas. Lo empujo hacia un sillón que hay frente una gran ventanal. Mira al mar de rodillas en el sillón. Introduzco mi lengua en la raja de su culo sudado. La muevo. Succiono. Golpeo sus cachetes. Sigo moviendo mi lengua. Su culo se contrae. Me quito el pantalón. Me echo sobre él. El mar viene y va. Va y viene. Viene y va. Va y viene. Viene y va. Viene y va. Aprieto mi pecho sobre su espalda. Aprieto más. Más. Más. Él mancha el respaldo del sillón a la vez que yo lo mancho a él. Caemos sobre la moqueta del habitación. Nos miramos. Reímos. Volvemos a besarnos. Nos acariciamos. Nuestras lenguas no dejan de jugar. Me muerde con violencia el labio inferior. Me pierdo en su cuello. Succiono, casi muerdo. Él me frena con sequedad y violencia. Me mira primero serio. Rápidamente sonríe. Me olvido de su repentina violencia. Lo vuelvo a besar. Bajo hacia sus pechos fuerte. Mis dientes juegan con sus pezones. Él hace fuerza con su pecho me pide que le de pequeños puñetazos. Le doy con mi poca fuerza. El hace más fuerza y sus pechos aumentan. Nos excitamos. La violencia se mezcla con el placer. Bocados, golpes, pequeñas agresiones… más bocados que me mezclan con besos, golpes, caricias… Le ato las manos con las fundas de las almohadas. Ato sus pies uno a otro con las sabanas. Lo pongo boca abajo. Busco en mi maleta el lubricante. Lo utilizo como aceite lo esparzo por toda sus espalda. Pongo mucha cantidad en sus muslos. Me introduzco dentro de sus muslos. Le obligo a cerrar las piernas. Me froto. Disfruta. Froto. Disfruta. Sin querer encuentro el agujero. Mi punta hace que se dilate. Se va abriendo generoso y yo voy entrando de nuevo en él. Entro un poco más. Entro más. Entro más y más y más… creo que no hay fin… más y más… siempre hacia dentro. Él grita. Me vacío. Me quedo dentro. Mi lengua juega con su cuello y él me busca con la suya. Nos dormimos sin movernos. Despierto de madrugada. Filipe duerme. Lo contemplo desnudo. Levanto sus piernas. Me introduzco en él. Se despierta. Me besa. Sonríe. Comienza a moverse. El placer nos invade y volvemos a dormir. El sol llena la habitación. Me despierto. Intento no hacer ruido. Voy a la baño. Me siento en el water. Comienzo a mear. Filipe entra en la habitación. Me observa mear. Se acerca hasta mí. Se coloca frente a mí. Comienza a mear. Mi cuerpo se vuelve salado como el mar. Al acabar me levanto y me abrazo a él que me empuja hasta el baño. Comienza a ducharme. A lavarme. Me pone gel por todo el cuerpo. Me enjabona. Su mano se pierde en mi trasero. Yo suspiro. Filipe se coloca tras de mí. Se enjabona su polla y la coloca dentro de mi para limpiarme por dentro. Me limpia con dureza. Fuerte. Muy fuerte. Yo grito y él me tapa la boca. Silencio. Grito hacia dentro y él se vacía hacía fuera. Limpios nos vestimos. Bermudas. Bañadores. Toallas. Camisetas. Desayunamos. Yo le explico, mientras comemos un pan caliente con queso y mantequilla, que mi desayuno en Madrid siempre es una tostada de aceite y tomate. Le parece extraño. Se ríe. Lo invito a que venga a visitarme. Prometo preparárselo. Buscamos el descapotable. Le propongo quitarle la capota. Me dice tajante que no. Yo insisto, entre bromas. Me vuelve a decir que no. Sin explicación. Me monto a su lado. Silencio. ¿Dónde vamos?. Es tu isla, respondo. ¿Quieres ver Funchal. Yo respondo con un seco vale. Nos bajamos del coche. Recorremos sus calles. Él siempre camina unos metros por delante de mí. Yo camino rápido pero nunca me coloco a su par. Calles estrechas. Arquitectura de piedra y cal. Mucha vegetación. Árboles. Pasamos por un monumento al descubridor de la Isla. Se llama Madeira porque al principio sólo había árboles. Recorremos un fuerte que ahora es un museo. Tomamos una bica. Recorremos un gran mercado de pescados. Atunes abiertos. Rojos. Sangre. Me propone irnos hacia las playas. Me gusta la idea. Volvemos hacia el coche. Corremos por las pequeñas carreteras a toda velocidad. El paisaje me empapa. Me roza de nuevo dentro del coche. Todo se despierta. Música portuguesa en la radio. La fusión del paisaje con la música me embriaga. Su mano vuelve a rozarme la rodilla y me despierta. Me encanta tu Isla, gracias por invitarme, le sonrío. Filipe me devuelve la sonrisa. Coloca su mano en mi rodilla. Vemos un mirador. Un acantilado. Para el coche. Me salgo. Cuando él lo hace un coche pasa rozándolo a toda velocidad. Se me escapa un grito. Él me mira descompuesto. Respira. Me acerco corriendo hasta él. Voy a abrazarlo. Me frena en seco: ¿Qué haces?. Me aparta. Cruza hacia el mirador. Miramos el acantilado. El mar azul transparente. No hay paz. Estamos nerviosos. No decimos nada. Silencio. El mar rompe con el acantilado. ¿Qué quieres comer? Atún, le digo. No me gusta el atún. Me suena como una maldición. Nos montamos de nuevo en el descapotable capotado. Me lleva a un restaurante. Si quieres puedes pedir atún. Pido atún. Me lo como con ganas. En silencio. Él come carne. En silencio. ¿Te ha gustado?. Asiento. Se levanta para ir al baño. Yo pienso ¿qué vamos a hacer estos tres días?. Vuelve del baño hablando por teléfono. Se acerca y corta. Al llegar al coche me sorprende: le quita la capota. Te voy a llevar a mi playa favorita. Mientras conduce rozo con mi brazo su brazo. Nos relajamos. Llegamos hasta la playa. Es una playa de enormes piedras. Excavada en el acantilado. Rodeada de enormes acantilados de piedras. Está casi solitaria. Muy poca gente tumbada en las enormes piedras. Colocamos las tollas sobre las piedras. Nos colocamos sobre las piedras. Me incomodan las piedras. Me incomoda el calor del sol. Me quito la camiseta. Me avisa, no se puede hacer nudismo. No lo pensaba hacer, pienso. Me voy hacia el agua. Camino sobre las piedras. Filipe viene tras de mí. Me meto en el agua. Al primer paso me hundo. Son auténticas piscinas. El agua es azul transparente. Refresca pero no está fría. El agua es perfecta. Nado. Me alejo de la orilla. Él viene tras de mí. Me agarra de los pies y me hunde. Se acerca a mi bajo el agua. Me besa. Me separo. Subo a la superficie. Me dice que vayamos nadando hasta el acantilado. Le digo que me cago to. Se ríe. Se burla con mi expresión. Filipe se aleja hacia el acantilado. Nada. Veo sus fuertes brazos entrar y salir en el agua. Me siento solo en medio del océano. Siento miedo. Dudo. Nado hacia el acantilado. Como me acerco al acantilado el agua es más brava. Filipe ve tras el acantilado una playa solitaria de piedras. Vamos hasta ahí. Me sonríe. El oleaje cada vez es más fuerte. Tengo miedo. Me acerco hasta las rocas. Me resbalo. No puedo salir. Por fin lo consigo. Prefiero ir a través de ellas. Filipe nada con fuerza en paralelo a los rocas. Me mira. Sonríe. Dice: Eres un maricón. Yo le sonrío. Camino por un sendero de piedras que se clavan en mis talones. Las olas son cada vez más fuertes. Filipe nada en paralelo a mi. Filipe no avanza. El mar lo detiene. Filipe grita mi nombre. Lo miro. Pienso que me está invitando a tirarme al mar. Le digo que no. Me doy cuenta que no avanza. Noto terror en su cara. Filipe intenta nadar pero no avanza. Las olas rompen en las rocas y no me dejan pasar. Filipe intenta acercarse hasta las rocas pero no puede. Me mira perdido. Dudo. Nada y no se mueve. Sus brazos musculosos están mudos. Sus ojos son de pánico. Las olas lo cubren. Sale a la superficie. Intenta nadar. El oleaje lo vuelve a hundir. Me mira aterrado. No sé que hacer. Intenta nadar. No puede. Grito. Salgo a correr por el acantilado. Corro hacia la playa. Me resbalo. Caigo. Me levanto. Sigo corriendo. Se me clavan cosas puntiagudas en los talones. Corro. Grito. Corro por el acantilado. Llego hasta la playa. Pido auxilio. Veo el vigilante a lo lejos. Las grandes piedras se me clavan en los pies. Siento que me sangran. Sigo corriendo. Las piedras me golpean los talones. Sangro. Grito. El salvavidas me ve. Coge una tabla de surf. Le indico que tras las rocas. Sale mar a través. Yo lo veo alejarse. Cierro los ojos a la vez que subo la cabeza hacia el cielo. El sol me ciega. Corro de nuevo entre las piedras. Mis pies se golpean contra ellas una vez y otra. Una vez y otra. Una vez y otra. Llego a las rocas. Corro entre ellas. No quiero pensar. No quiero. No quiero saber lo que ha pasado. No quiero llegar hasta allí. No quiero. Veo al vigilante. Con todas sus fuerzas arrastra un cuerpo. Un cuerpo muerto. Un cuerpo sin vida. Mis piernas comienzan a temblar. Grito. Miro mis pies que sangran bajo el agua azul transparente. El vigilante intenta con todas sus fuerzas acercarse a la orilla. Yo los sigo con la mirada. Incapaz de andar. Los veo llegar hasta la orilla. Veo que lo besa. Que intenta reanimarlo. Vuelve a besarlo. Otra vez más . Otra. Golpea su pecho. Besos. Golpes. Pero la vida no vuelve. Sin darme cuenta he llegado hasta ellos. El vigilante me mira impotente. Yo le devuelvo la misma mirada. Comienza a hablarme. Yo no entiendo nada. No sé donde estoy. Miro el cuerpo de Filipe. Es el mismo cuerpo de la pasada noche. Lo abrazo. Está frío. Me separo. La gente me observa. No sé que hacer. Comienzan a hacerme preguntas. No sé que responder. No entiendo nada. Nada. Todo pasa a mucha velocidad. Oigo que alguien avisa a la policía. Alguien me pregunta su nombre. Filipe. Quieren saber más. No sé nada más. Filipe. ¡Qué más puedo saber! Que follaba con él de escándalo. Tengo que avisar a alguien. Recuerdo su móvil. Me acerco hasta las toallas. Su ropa. La llave del coche. El móvil. Todo sigue sobre las piedras. Filipe también está sobre las piedras. Muerto. El móvil. Me acerco hasta Filipe. Miro la última llamada. Minha casa. Automáticamente llamo. Suena el pitido. Dos pitidos. Tres. Descuelga una niña. ¿Pai?. No, no puede ser. La niña grita: Mai es pai. Creo entender eso. Cuelgo. Me derrumbo. Me siento en el suelo. La gente me mira. Veo a Filipe. Muerto. No sé quién es. Lloro. No se que hacer. Grito en silencio. Miro al mar. El mar viene y va. Va y viene. Viene y va. Va y viene. Viene y va. Viene y va. Viene y va…
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